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AySA crece todos los días

Informe

Entrevista: Carlos Ben Presidente de AySA y ALOAS

Platense, sanitarista, abogado, presidente de AySA y entre este año y 2012 también cabeza de la Asociación Latinoamericana de Operadores de Agua y Saneamiento, Carlos Ben recibió a ADN y esto dijo.

Carlos BenCarlos Ben nació en La Plata en 1951. Cultor del bajo perfil, accedió a este medio para explayarse sobre el Primer Encuentro de la Asociación Latinoamericana de Operadores de Agua y Saneamiento (ALOAS), institución que preside desde este año y hasta 2012, y también para responder preguntas vinculadas a su trayectoria en lo que fue primero Obras Sanitarias de la Nación (OSN), luego Aguas Argentinas y finalmente Agua y Saneamientos Argentinos Sociedad Anónima (AySA), prestadora de la que también es presidente desde 2006 y cuyo mandato culmina este año.

Vinculado al sanitarismo desde los 17 años, esos inicios lo encontraron en la por entonces denominada Obras Sanitarias de Buenos Aires (OSBA). En el ínterin se recibió de abogado en la Universidad Nacional de La Plata y, tras poco más de una década, pasó a OSN, donde llegaría a ser uno de sus gerentes más jóvenes.

En 1993, concesionada esa firma a la gala Suez, continuó desempeñándose en lo que pasó a llamarse Aguas Argentinas, donde ocupó distintas gerencias hasta formar parte del Directorio. En 2006, rescindida la concesión, accedió a la presidencia de la nueva empresa, AySA.

ALOAS en el Provincial
De origen árabe por parte paterna e irlandesa por el lado de su madre, Ben, como presidente de ALOAS, tiene grandes expectativas en relación al primer encuentro de ese organismo latinoamericano, que se desarrollará los primeros días de junio en el Hotel Provincial de Mar del Plata. "Juntar adherencias –sostiene– no es uno de los objetivos principales, puesto que contamos ya con bastante cantidad de operadores adherentes. Pero sí apuntamos a ampliar el número, porque cuantas más empresas se adhieran, mayores serán los beneficios para todos. De hecho, estamos proponiendo que las membresías sean gratuitas". También subraya que "este primer encuentro tiene por objeto principal proponer el plan de trabajo para estos dos años en que a AySA le toca presidir la asociación, para lograr así un consenso generalizado sobre ese plan y tratar de que los tres o cuatro objetivos identificados como prioritarios se puedan poner en marcha".

—¿Cuáles son esos objetivos prioritarios?
—La universalización del servicio y su calidad integran el primer punto. El segundo es convencer a los Gobiernos en general y a los organismos multilaterales en particular acerca de la prioridad del financiamiento de obras de agua y saneamiento en los países latinoamericanos.

—Cuando habla de organismos multilaterales, ¿se refiere al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo?
—Y también a la Corporación Andina de Fomento.
Estos tres son los organismos con los que ya hemos hablado. Además, intentaremos que la Organización Panamericana de la Salud y la ONU sean todavía más protagonistas en el tema. Queremos que ALOAS sea un instrumento para no sólo identificar los problemas, sino también para encontrar soluciones, brindar elementos técnicos para esas soluciones, identificar los costos que sean necesarios e intercambiar tecnología y conocimiento. Entendemos también que el funcionamiento de ALOAS tiene que ir más allá de su Comisión Directiva, y una de las propuestas que presentaremos consistirá en generar planes de capacitación continentales, que sean dirigidos, según los temas a tratar, por las empresas que tengan mayor experiencia en la materia que se aborde. Con ello, buscaremos aprovechar las fortalezas de cada uno para brindarlas en conjunto y compartir beneficios entre todos.

 

"Cuando estaba Aguas Argentinas, el área de Planificación tenía cinco personas. Hoy esa área tiene 100 integrantes".

 

El sanitarista
Su apellido significa "hijo de", asegura, tanto para árabes como israelíes. "Así que calculo que, en algún momento de la ruta, se perdió el apellido... Mi abuelo, cuando vino de España, ya tenía sólo el «Ben»".

El nieto de aquel inmigrante español, finalizada su secundaria, tenía a su padre trabajando para Vialidad en la provincia de Buenos Aires y contaba con ganas de también ingresar a un puesto estatal, aunque por alguna razón que seguramente era vocacional sus preferencias se inclinaban hacia los servicios públicos. "Mi padre, entonces, me pudo recomendar para que entrara en OSBA", recuerda Ben.

—¿Su trayectoria fue una de las razones por las que cree que en definitiva lo nombraron presidente de AySA?
—Honestamente no lo sé, pero ojalá que haya sido así.

La trayectoria, a la que le asigna una de las posibles razones de su nombramiento al frente de AySA, se traduce no sólo en el conocimiento de la prestación de servicios públicos de agua y saneamiento, sino también en el registro de las distintas etapas de gestión por las que transitó a lo largo de su carrera.

"En OSN –indica–, el espíritu con el que mi equipo y yo arrancamos fue tratar de revertir una tendencia de abandono de las empresas públicas por parte del Estado. Hablo de los 80 y parte de los 90. Y se hizo un esfuerzo enorme para lograrlo. También es cierto que no había políticas estatales para servicios públicos y especialmente para saneamiento. Apenas se podían mantener los servicios, y el sindicato reiteraba manifestaciones públicas para que existieran esas políticas vinculadas a los servicios sanitarios".

—Hasta que llegó Suez como concesionaria. ¿Cómo evalúa ese período?
—La concesión yo la divido en tres etapas. La primera fue la decisión del Gobierno de aquel entonces de privatizar el servicio. Finalmente, merced a una intervención de la parte gremial –con Rubén Pereyra, de la Federación Nacional de Trabajadores de Obras Sanitarias y José Luis Lingeri, del Sindicato Gran Buenos Aires de Trabajadores de Obras Sanitarias– más la de los sanitaristas de aquel entonces que nos pudimos asesorar, el Gobierno finalmente no privatizó, sino que abrió la concesión. Ya instalada Suez, distingo las otras dos etapas. Una, de cuatro o cinco años, donde parecía ser que había un espíritu en pos de resolver los problemas del servicio, tanto en mantenimiento como en expansión, y otra donde se vio claramente que había un desinterés por continuar con la prestación, incluso a nivel de mantenimiento. Por ello, cuando se creó AySA, para guiar su destino y su prestación, hicimos un informe sobre la gran cantidad de carencias que había en lo que era una obligación implícita en la prestación del servicio: mantener las instalaciones.

—¿Qué dos o tres logros puede destacar de ese período de concesión?
—Uno fue el encarar alguna obra básica, no digo estructural porque obras estructurales realmente no construyó Aguas Argentinas. Pero sí la construcción de la Planta Norte, más un tramo para poder iniciar la ampliación de la Planta Potabilizadora de Bernal...

Pero sucede que se desdibuja bastante esto frente a lo que AySA hizo en estos cinco años. En ese período la empresa "más que triplicó" la cantidad de gente que se incorporó al servicio, comparándolo con los 13 años de Suez. El plan que el Gobierno aportó con sus fondos es enormemente mayor. Y ya no se están ejecutando obras básicas, sino estructurales. Mientras que obras comparables a la Planta Norte o a la expansión que se hizo en la Planta Potabilizadora de Bernal, con AySA, se han multiplicado por cuatro.

—¿Con qué ejemplo podría graficar las diferencias de gestión entre lo que era Aguas Argentinas y lo que es AySA?
—Cuando estaba Aguas Argentinas, en sus últimos cinco años, por lo menos, el área de Planificación tenía cinco personas. En AySA hoy esa área tiene 100 integrantes. Quiere decir que nos hemos abocado a identificar problemas y planificar, entregándole al Gobierno algo que nos había pedido, que era un plan director, con el gran valor agregado de que el Gobierno entendió que este era un problema que había que priorizar y que había que establecer una política de Estado. En ese contexto, la actividad de AySA crece todos los días. Antes los sanitaristas veíamos una obra estructural cada 40 años. En este momento, entre las que estamos ejecutando y las próximas por ejecutar, AySA ya cuenta con ocho obras estructurales, lo que supone un cambio muy grande, lógicamente apoyado por la decisión que ha tomado el Gobierno de invertir en agua y saneamiento.

Responsabilidad social
Una de las novedades que supuso la creación de AySA redundó en su condición de sociedad anónima para prestar servicios de agua y saneamiento en Buenos Aires y 17 partidos del Gran Buenos Aires; la conformación de esa persona jurídica, con participación mayoritaria del Estado, pero autárquica a la vez, según Carlos Ben, "obedeció más a las características del servicio".

—¿Por qué?
—Porque el Estado tiene un funcionamiento donde es difícil contemplar las emergencias. Y en un servicio público, las emergencias son una cosa diaria.

El Estado tiene materias más generales para atender, y esto [por el agua y el saneamiento] es muy específico. Además, los tiempos son cortos: a veces, las resoluciones tienen que ser inmediatas, de manera que el formato de sociedad anónima permite resolver problemas con mucha eficacia; creo que todos los servicios públicos deberían tener este esquema.

Por otra parte, por lo menos en el caso de AySA, existen importantes controles: uno interno, dirigido por la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) –la Comisión Fiscalizadora tiene tres miembros, dos designados por la SIGEN y uno por los empleados–, y otro externo, realizado por la Auditoría General de la Nación. Además, dentro de poco tendremos auditores externos.

—¿Su responsabilidad como presidente de AySA implica representar la responsabilidad del Estado, o la sociedad anónima tiene una responsabilidad propia e intransferible?
—Hay responsabilidades del Estado que son claras porque es el accionista mayoritario. Y el Estado nunca ha eludido la responsabilidad sobre lo que está haciendo AySA. Mientras que los que integramos la empresa tratamos de honrar esta responsabilidad.

—Dentro de esas responsabilidades, ¿cuáles fueron los principales logros que AySA consiguió en la cuenca Matanza-Riachuelo?
—Lo primero es lo que está en vías de contratación, que son tres obras consideradas estructurales al servicio, que van a resolver una parte importante de las necesidades de la cuenca y de las prestaciones de AySA y, específicamente, del servicio de desagües cloacales, que son: la construcción del margen izquierdo, la Planta de Depuración de líquidos cloacales de Dock Sud y su emisario en el Río de la Plata.

Todo esto integrado, además, con otra obra estructural que se está ejecutando, la Planta Depuradora de Berazategui, que está pensada para el tratamiento de los efluentes de casi 4 millones de personas. Por otra parte puedo destacar que entre el 70% y el 75% de las obras que realiza hoy AySA está dentro de la cuenca, y gran parte de las personas que se ha incorporado al servicio pertenece a ella. Por ejemplo, 700.000 personas del partido de La Matanza ingresaron al servicio de agua y dentro de poco habrá cerca de 500.000 en el mismo partido incorporadas al servicio de cloacas. En la misma línea, y más allá de lo que se invertirá en obras, que serán entre US$2.000 y US$3.000 millones, AySA tuvo a la vez una participación fundamental en la primera etapa de la limpieza de las márgenes de la cuenca, trabajo que este año transferimos a ACUMAR (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo). En líneas generales, creo que el trabajo de la cuenca se resolverá en una década o dos, mientras que, en materia de saneamiento, los próximos siete u ocho años serán fundamentales para las 5 millones de personas que viven en la zona.

—¿Las inversiones que usted refiere dependen de algún modo del signo político que gobierne el país?
—Bueno, es un riesgo. Nosotros la única cosa que podemos identificar hoy es que este Gobierno fue el que tomó la decisión de dar prioridad a estos servicios. Si mañana hay un cambio de signo en el Gobierno, esperamos que se continúe con este modelo, sería un error enorme cambiarlo. La virtud de este Gobierno fue colocar estos temas en la agenda política. Y además de colocarlos permitió, con su actividad y su desarrollo, que AySA hoy presida ALOAS, que no es un tema menor, porque es una distinción que se ha hecho a la empresa para los años 2011 y 2012, y espero que, al terminar el ciclo, tenga esto una gran significación.

 

"Antes los sanitaristas veíamos una obra estructural cada 40 años. Hoy, entre las que estamos ejecutando y las próximas por ejecutar, AySA ya cuenta con ocho".

Sorpresa y honor
Hincha de Estudiantes, Carlos Ben inició su actividad sanitarista en 1969, en la Mesa de Entradas de OSBA; 37 años más tarde, sería nombrado presidente de AySA. De ese día de 2006 en que le fue propuesto el cargo, recuerda: "Primero fue una gran sorpresa. Pero desde el punto de vista de la profesión fue un honor. Representó también un desafío, porque uno nunca sabe si puede dar todas las respuestas a las exigencias que supone encabezar una compañía que tiene involucradas a 5.000 familias, las de los trabajadores, y a 11 millones a las que se les brinda el servicio. Por eso soy de la opinión de que estos trabajos poseen tan alta responsabilidad y una exigencia de conocimiento tan importante que, necesariamente, requieren personas con expertise en el sector para gestionarlos"

 

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